La representación alegórica se refiere a una técnica de fotomontajes utilizada por algunos fotógrafos del siglo XIX.
Oscar Gustave Rejlander fue un pintor sueco quien comenzó a experimentar con la fotografía en 1850. Su obra más famosa se llama “Los dos caminos de la vida”, es una obra colosal para su época (75×40 centímetros) fue hecha a partir de 32 negativos.
Para realizarla, él empleó fondos pintados y fotografió a sus personajes por parejas o tríos y luego los unió en su obra final. En ella muestra un personaje principal en el centro, que hace las veces de juez. Luego, hacia la izquierda entre las sombras se muestra el mal y hacia la derecha, mucho más luminosa, se muestran el trabajo, la virtud y las buenas costumbres.
En su obra aparecen varias personas desnudas, lo que causó una gran controversia, ya que hasta ese momento el desnudo aparecía continuamente en las pinturas, pero el hecho de hacerlo en fotografía, con personas que podían ser reconocidas, ya era otra cosa. El escándalo fue acallado cuando la reina Victoria I de Inglaterra, compró una copia de su obra para darle a su esposo el príncipe Alberto.
La importancia de Rejlander, radica no sólo en la innovadora técnica que él utilizó, sino también en que él empleó una herramienta narrativa de la pintura: el uso de las figuras como representación alegórica de las ideas.
Una de la más conocidas discípulas de Rejlander, fue Julia Margaret Cameron. Ella nació en una rica familia inglesa que vivía en la India, y después de completar su educación en Francia, vivió en Sur África y Ceilán. Finalmente se trasladó a Inglaterra y se dedicó con pasión a la fotografía.
Ella utilizaba negativos hechos de grandes placas de vidrio y generalmente fotografiaba paisajes. Luego comenzó a trabajar los retratos y sus modelos necesitaban quedarse quietos por unos segundos, lo que implicaba que sus imágenes eran suaves y un poco desenfocadas. Ella decidió trabajar con estas irregularidades y hacerlas parte de su obra.




