El poder que nos brinda la cámara para capturar la realidad hace que podamos jugar con muchos elementos para lograr que nuestras imágenes pasen de ser simples recuerdos, a ser una composición que logre conmover a los demás.
Muchas veces esa diferencia la hace simplemente el lugar donde estemos fotografiando con respecto a la fuente de luz.
Movernos alrededor del objeto o la persona, o moverlos a ellos con respecto a la luz, puede hacer una diferencia dramática en la fotografía.
Si la luz se refleja en una superficie, como el piso, una pared, tela u otro objeto ésta cambiará no sólo de intensidad, sino de color. La luz refleja ayuda a aclarar las sombras y a disminuir el contraste dentro de la imagen.
Este tipo de iluminación se caracteriza por bordes fuertes y bien definidos entre las áreas de luz y sombra
Las formas fuertes y contrastadas que se crean, pueden introducir un patrón que cambiará por completo la forma en que se percibe el objeto o la persona.
Este tipo de luz crea espacios tanto negativos como positivos, dando un aspecto abstracto a la imagen, por éste motivo es la luz menos apropiada para hacer retratos, pero funciona muy bien para la arquitectura o la fotografía abstracta.
La luz fuerte también funciona muy bien para hacer fotografías de siluetas o a contraluz, donde queremos resaltar las formas o las transparencias de un objeto.
Esta se genera cuando hay un día nublado o cuando la luz se reflejan en una superficie y el objeto o la persona recibe sólo la luz refleja. El contraste se reduce y los cambios entre la luz y la sombra se suavizan. Es una luz excelente para hacer retratos y para fotografiar paisajes en los que queramos resaltar formas suaves.
Este tipo de luz también es la apropiada para hacer fotografía macro o de flores.
Visita el índice de técnica fotográfica
Fotografías de Victoria Restrepo ©





