Una cualidad indiscutible de la fotografía es su capacidad de registrar la luz y la atmósfera que ella produce.
Mientras la cámara responde a la luz con una precisión mecánica, las personas respondemos con la sensibilidad. Nosotros somos realmente sensitivos a los cambios de luz y a las emociones que ella despierta en nosotros.
Como fotógrafos podemos utilizar la luz como una forma de resaltar un objeto, un paisaje o una persona, de manera fría, plana y ambigua. Pero también podemos crear una atmósfera suave, dramática, tierna o vibrante con sólo variar la luz en una misma escena.
Cuando somos capaces de percibir los cambios que la luz crea en la atmósfera total de una imagen, podremos empezar a usarla y manipularla a nuestro favor.
Muchas veces estamos limitados por la fuente de luz que no podemos cambiar, pero lo que sí podemos cambiar es el lugar desde el que vamos a fotografiar y esto si hace una gran diferencia.
La posición de la cámara respecto a la fuente de luz, puede hacer un cambio total de la fotografía. Podemos movernos o mover nuestro sujeto, si es una persona o un objeto y mirar a través del visor o la pantalla cómo lo afecta la posición de la luz.
Utilizar un reflector manual o una superficie que refleje la luz, como una pared blanca, pueden disminuir las sombras profundas o iluminar zonas de poca luz.
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