La fotografía de insectos es apasionante. Nos permite acercarnos y observar un mundo diminuto y casi desconocido, pero ella requiere de dos componentes principales: paciencia y observación.
Aunque la cámara y el tipo de lente son importantes, lo que nos facilita que podamos fotografiar los insectos es el podernos acercar y para ello debemos conocer sus hábitos.
Nuestro mundo está lleno de ellos, pero son escurridizos y rápidos, así que debemos observarlos con atención para saber sobre sus patrones básicos de comportamiento.
Las abejas prefieren determinadas flores, las mariposas pueden posarse sobre las frutas, un gusano le gusta devorar ciertas hojas.
La paciencia es lo que nos permite no darnos por vencidos cuando el bicho no aparece en el momento o el lugar apropiado. Debemos trabajar en un lugar bien iluminado para poder utilizar la velocidad más rápida y el diafragma lo más cerrado posible para lograr congelar el movimiento y mantener el máximo enfoque.
Algunos insectos son muy sensibles al dióxido de carbono y se escaparán inmediatamente si respiras sobre ellos, algunos escarabajos por el contrario, se congelarán por unos instantes. Es cuestión de experimentar.
En general todos los insectos son muy sensibles a la luz y percibirán el movimiento inmediatamente si creas una sombra sobre ellos.
Los insectos son criaturas de sangre fría, por lo tanto serán más lentos temprano en la mañana o al atardecer.
Debes tener cuidado al acercarte a arañas o insectos que puedan ser venenosos.
En cuanto a la parte técnica, una cámara con buena resolución y un lente macro son una buena opción, pero no son escenciales.
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