
Muchas veces cuando salimos a fotografiar, encuadramos sin prestar atención a los diferentes ángulos que tiene un mismo objeto. Un cambio de enfoque puede dar a nuestra imagen un giro total.
Al llegar la primavera, la naturaleza exuberante cubre todo el paisaje y la desolación del invierno es sólo un recuerdo cada vez más lejano.
Frente a la entrada de mi casa hay un pequeño árbol que tiene hojas rojas y oscuras. La verdad nunca le había prestado mucha atención, porque es bastante opaco y monocromático y no tiene el verde deslumbrante de sus vecinos.

La sorpresa de este pequeño arbusto, está escondida por dentro. Mirando sus hojas a contraluz, ellas cambian dramáticamente de color y van desde los tonos del rojo profundo, pasando por el amarillo ocre, hasta llegar al verde brillante. La textura de sus nervaduras pude verse com a la luz de un microscopio, con una nitidez incríble.

El colorido y la luminosidad que adquiere el árbol de adentro hacia afuera y los fuertes contrastes que crean las sombras de unas hojas sobre las otras, le dan un aspecto completamente diferente al que se puede ver desde afuera.

Nunca se me había ocurrido fotografiar a mi “insignificante vecino”, ahora lo miraré con más respeto, pues sé que lleva un bello tesoro escondido por dentro.
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Fotografía © Victoria Restrepo
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