La fotografía de insectos requiere mucha paciencia y también nos obliga a estar cerca para poder descubrir las características de estos pequeños “monstruos”.
Como primera medida debemos volver a la infancia. La curiosidad infantil es la que nos permite decubrir estos minúsculos bichos, que por otro lado podrían pasar desapercibidos. Mi hijo de 7 años es mi gran maestro a la hora de salir de caza.
Un lente macro y el trípode, son la segunda condición para fotografiar a estos pequeños. Al acercarnos, la profundidad de campo se reduce enormemente y enfocar no es fácil, así que es importante poder cerrar el diafragma y lograr mantener en foco las diferentes partes del animalito que podrán estar a sólo unos milímetros unas de otras.
Muchas veces debemos esgoger el lugar donde queremos enfocar para resaltarlo y dejar que un pequeño desenfoque en las zonas aledañas.
Es importante dejar que el insecto se acostumbre a nuestra precencia para que permanezca quieto, ya que al cerrar el diafragma, la velocidad de oturación podrá ser bastante larga. Podemos utilizar pequeños reflectores de cartón blanco o papel aluminio para iluminar las zonas oscuras y hasta donde sea posible evitar el flash. La fuerte luz del flash podría espantarlo o crear sombras fuertes a su alredeor.
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Fotografías de Victoria Restrepo ©
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