Un nuevo día en el desierto de Tatacoa, parte dos

Me tomó mucho dormirme aquella noche en el desierto de la Tatacoa. Puedo decir que soy persona de ciudad, a pesar de que paso buena parte de mi vida caminando entre los bosques y de que empecé a acampar desde pequeña, pero esta fue mi primera experiencia con el desierto. Para leer la primera parte de este viaje, haz click aquí.


La Tatacoa es un lugar silencioso. No se escuchan los automóviles, ni las sirenas de la policía, ni siquiera se oyen las aves o los insectos nocturnos. Esto fue una experiencia completamente nueva para mi!


Simplemente quería salir de la carpa y recorrer ese extraño lugar.


Después de comer un desayuno bastante frugal, contratamos un guía para que nos llevara al sector de “Los Hoyos”. El camino nos mostró un mundo completamente diferente al del día anterior; a nuestro alrededor solo había un terreno seco, plano, salpicado de rocas negras y algunos arbustos resecos y tostados por el sol.


Después de haber visto las fantásticas formaciones de roca rojiza del día anterior, nuestro paseo se estaba convirtiendo en algo un poco decepcionante. Una hora mas tarde nos detuvimos en una casa localizada en medio de la nada para descansar y tomar agua.

Salimos a caminar bajo un sol abrasante. ¿Hacia dónde nos llevaba nuestro guía? comenzaba a preguntarme, cuando de repente nos encontramos en un lugar completamente diferente.


La única forma de describirlo, es haciendo alusión a un recuerdo infantil. Cuando era niña me encantaba hacer castillos de arena en la playa y recuerdo como iba al mar a llenar mi balde con agua y arena. Luego tomaba puñados de esta mezcla y la dejaba caer sobre las torres formando estalactitas.



La gran diferencia entre mi recuerdo y mi experiencia en la Tatacoa, es que en este desierto, yo era el pequeño Gulliver en Lilliput, pero aquí las gigantescas esculturas de arena fueron sido construidas por el paso del tiempo, la escasa lluvia y el viento.


A pesar de que el paisaje era extraordinario y maravilloso, el calor nos estaba matando. Más que caminar, nos arrastrábamos y nuestro guía parecía no escuchar nuestras protestas. De repente y con una gran sonrisa, nos mostró la visión mas sorprendente que uno pueda imaginarse en medio del desierto: una piscina!


Bueno, realmente no era la lujosa piscina de un hotel, pero para nosotros fue el agua mas refrescante y deliciosa del mundo.

Para leer la parte uno, has click aquí. 

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