La fotografía es tanto ciencia como arte. La fotografía nos permite expresar sentimientos y emociones, pero para hacerlo, necesitamos entrenarnos en la parte científica y técnica de la fotografía.
La parte técnica de la fotografía es tan fascinante, que se encuentran millones de páginas escritas en libros, revistas especializadas y en el Internet. Pero obtener una perfección técnica, aunque es muy importante, no lo es todo.
Necesitamos tocar íntimamente a nuestros espectadores y conmoverlos; no basta con mostrar una imagen técnicamente perfecta que no dice nada. La técnica debe ponerse al servicio de nuestras emociones, no debemos usar la técnica como un fin en sí mimo.
Aprender sobre el aspecto artístico es tan importante como aprender sobre su técnica. Si un buen pintor se dedicara solamente a aprender sobre los aspectos específicos de su técnica, podría fabricar los más fuetes bastidores, preparar unos lienzos impecables, mezclar los colores obteniendo toda clase de tonalidades, conocería las proporciones exactas de aceite y trementina para darle transparencias a su trabajo.
Es decir sería un maravilloso técnico, tal vez sería el ayudante perfecto de un gran artista, pero si su trabajo se limitara únicamente a la parte técnica, no podría atraer y emocionar con sus obras.
El fotógrafo, que seriamente quiere aproximarse a la expresión artística utilizando la cámara, debe hacer lo mismo que han hecho todos los grandes artistas a través de la historia.
Debe nutrir su espíritu con buen arte, leer y rodearse de las obras de los grandes maestros no sólo de las artes visuales, sino también de la música, la literatura, la escultura, etc. Debe fomentar las emociones y las experiencias que enriquezcan su espíritu.
El buen arte no nace de la perfección técnica, aunque es indudable que ésta ayuda, sino del corazón.







