El gran secreto al fotografiar flores es la simplicidad. Las rosas no son la excepción ya que ellas llevan toda la belleza en sí mismas y no necesitan de nada más para resaltar su belleza.
Por ese motivo debemos tratar de resaltar sus características: su colorido, la delicadeza de sus pétalos, la forma en que están dispuestos, la suavidad de sus curvas y su capacidad de atrapar la luz.
Si tratamos de abarcar mucho dentro de nuestra imagen, muy posiblemente, perderemos la belleza de la flor.
Las rosas son es sí mismas bastante complejas, su gran cantidad de pétalos, la variedad de colores, la textura de su de su cáliz y el contraste de sus espinas con la suavidad de la flor, hacen que ella en sí mismas encierren demasiados elementos.
Si el fondo es confuso, lleno de elementos y aparecen otros objetos o texturas enfocadas en el fondo, la imagen será muy confusa.
Existen tres factores esenciales para lograr una imagen bella y armoniosa: La composición, la profundidad de campo y la iluminación
La composición:
La primera regla sería: estar cerca, al acercarnos podremos captarla en todo su esplendor. Una rosa perderá su encanto vista desde lejos.
En la vida cotidiana cuando vemos una rosa, tendemos a acercarnos para verla de cerca, tocarla y olerla. Esa misma sensación de proximidad es la que debemos transmitir en nuestra imagen.
Al acercarnos la rosa queda en primer plano y el fondo debe ser lo más neutro posible Un color oscuro como el negro funciona muy bien, pues destaca el color de la flor y la forma, pero el blanco, y los tonos contrastantes o pasteles pueden funcionar bien dependiendo de la rosa y de la luz. En todo caso el fondo debe estar alejado de la flor para que quede desenfocado y no entre a competir con ella.
Si estamos fotografiando en exteriores, podemos desenfocar el follaje para aislar la flor o podemos llevar un cartón con el color que queramos utilizar para colocarlo por detrás de la rosa.
El trípode es el elemento que más nos ayuda a lograr una composición armoniosa, pues nos permite fijar la cámara, y mover las manos y/o la flor en la forma deseada.
La profundidad de campo:
El enfoque es primordial. Mantener enfocados los pétalos y desenfocado el fondo es un trabajo de ensayo y error que nos permite ganar experiencia. Si estamos tomando la fotografía de cerca, es muy importante cerrar el diafragma, porque la profundidad de campo se reduce dramáticamente a medida que nos acercamos.
Es posible lograr una composición armoniosa desenfocando algunos pétalos, pero éste es un arte difícil de lograr y debe hacerse con sumo cuidado, no dejándolo al azar.
El lugar donde enfocamos es muy importante, ya que el lente enfoca 2/3 partes hacia atrás y sólo 1/3 hacia delante. Esto es primordial a la hora de mirar donde vamos a hacer el enfoque y por ese motivo debemos hacerlo manualmente y con un trípode, para poderlo fijar en el lugar indicado.
La iluminación:
En general, las rosas no resisten la luz fuerte. Un día soleado es el peor enemigo de una rosa, aunque como siempre las reglas son para romperlas y habrá fotografías espectaculares de rosas a pleno sol, personalmente no las he visto.
Así que vamos sobre seguro. Si la rosa está en el jardín, debemos fotografiarla en la luz más neutra posible.
Un día nublado es ideal, o temprano en la mañana y fotografiando a la sombra. También podemos utilizar una sombrilla blanca de las que se usan para reflejar la luz en los estudios fotográficos.
Para fotografiar en interior, lo ideal es utilizar luz natural filtrada a través de un cortina blanca si el día es muy soleado o simplemente cerca de una ventana si el día está nublado.
Las rosas son flores que por su complejidad y variedad nos permiten infinidad de posibilidades de composición y colorido. Desde el botón, hasta su muerte, la rosa nos brinda una belleza inigualable.
Fotografías de Victoria Restrepo ©
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Al fotografiar flores, el enfoque es crucial, tanto para que no queden los pétalos desenfocados, como para que el fondo se desdibuje y no interfiera.
El uso del trípode es fundamental, no sólo para obtener estabilidad y poder controlar el más leve movimiento de nuestras manos cuando estamos muy cerca, sino que también nos ayuda a centrar nuestra atención en la composición.


