En los primeros años de la fotografía, el proceso estaba aún lejos de ser perfecto y los fotógrafos buscaban afanosamente formas de resolver las dificultades y limitaciones del nuevo invento.
A mediados del siglo XIX, la emulsión de sales de plata con la que sensibilizaban las placas de vidrio, no era sensible al rojo, pero sí muy sensible al azul, así que el cielo se registraba rápidamente en el negativo quemándose por completo.
Lo que en el negativo quedaba completamente negro, en el positivo era completamente blanco y los cielos de los paisajes y de las fotografías de arquitectura, no poseían ningún detalle.
Uno de los fotógrafos que experimentó con diferentes técnicas para tratar de solucionar éste problema fue Roger Fenton. El trató de hacer los negativos poco densos y luego los sobre exponía a la hora de imprimirlos para tratar de registrar el cielo.
Finalmente su técnica no dio el resultado esperado y otros fotógrafos después de él comenzaron a mezclar diferentes negativos a la hora de imprimir para poder obtener cielos con nubes.
El término con el que se designó esa técnica fue el de “impresión combinada” y podía hacerse de diferentes maneras:
Imprimiendo dos o más negativos consecutivamente sobre la misma hoja de papel.
Sobre poniendo dos negativos e imprimiéndolos juntos.
Recortando partes de diferentes negativos y uniéndolos para imprimirlos juntos.
Recortar las imágenes ya impresas y pegándolas, formando un collage para fotografiarlo de nuevo.
El primero en utilizar un negativo separado para las nubes fue el fotógrafo Hippolyte Bayard, quien trabajó a la par de Daguerre en su propio proceso fotográfico, pero no lo presentó a tiempo de haber pasado a la historia como el inventor de la fotografía. Sin embargo su “impresión combinada” de las nubes, sí fue utilizada por muchos fotógrafos después de él.




























