¿Cuál es la magia de la fotografía en blanco y negro, que hace que a pesar de vivir en un mundo lleno de imágenes de color, sigua siendo vista como más elegante y más ligada al arte?
Tale vez la razón sea que ofrece un contraste y una visión del mundo diferente al que estamos acostumbrados a ver.
La sombras profundas, las luces llamativas, el drama que ofrece un retrato en blanco y negro hace que muchas veces se perciba como más distinguido.
Hasta hace poco hacer un retrato en blanco y negro era bastante difícil para los aficionados. El manejo de la película, si no se contaba con el conocimiento y el cuarto oscuro, quedaba en manos del laboratorio comercial, que en general no daba muy buenos resultados para el blanco y negro.
Así que los retratos familiares siempre eran a color y para poder conseguir un buen retrato en blanco y negro era necesario ir a un estudio fotográfico.
Con la llegada de las cámaras digitales al mercado, y los software para la manipulación de las imágenes, la fotografía en blanco y negro ahora está al alcance de todos.
Pero ¿cómo obtener una imagen realmente impactante?
Algunas cámaras compactas tienen el comando de blanco y negro para visualizar las imágenes en blanco y negro o sepia, pero en general se parte de la imagen en color y luego se pasa a blanco y negro con el software.
De todas maneras hay aspectos que debemos tener en cuenta a la hora de hacer la toma cuando sabemos que la imagen final será en blanco y negro.
Los elementos más importantes de nuestra composición van a ser las formas, la textura y el juego de luces y sombras y no el tono de los ojos y del cabello o el brillante color de la ropa.
Las cámaras digitales no son muy buenas para situaciones de alto contraste y menos en blanco y negro, así que en general debemos buscar situaciones donde las luces y las sombras no estén en los extremos. Podemos utilizar un reflector (cartón blanco) para reflejar la luz en las áreas de sombras y así bajar el rango de tonos.
Como en cualquier otro retrato, hay que poner muchísima atención al fondo, es mejor tener un fondo neutro y simple o jugar con la profundidad de campo y el zoom para desenfocarlo.
Es importante no usar el flash, como en cualquier retrato a color. Si queremos una buena imagen, esta se hace con luz natural y con un poco de planeación. La persona debe estar cómoda, preferiblemente en un banco sin espaldar para que no salga un pedazo de silla por la espalda.
No se deben hacer retratos a pleno sol porque se notarán más las arrugas y líneas de expresión, quedarán sombras y luces fuertes en la cara que desfiguran las facciones y serán más difíciles de corregir e imprimir.
Esto no quiere decir que debamos huir completamente de la luz, lo que es importante, es saber utilizarla para acentuar el cabello por ejemplo o para crear una bella atmósfera al desenfocarla en el fondo. Un toque de luz fuerte puede añadir dramatismo o emoción a la imagen y darle fuerza a la expresión.
Fotografías de Victoria Restrepo ©
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